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Valderromán

Valderromán

En la comarca de Tiermes, en Valderromán, ahora adscrito a Montejo de Tiermes, surgió mi familia.

Cuando tras servir en África, el abuelo Francisco, regresó sano a Cañiceras, casó con la Juana, la hija del José y la Petra de Valderromán.

Valderromán

Petra y José

El abuelo se llamaba Francisco García Romano.

El nombre del pueblo (Valderromán) y el apellido Romano, imprimen carácter. En la zona todo suena a romano.

Si rascas la tierra buscando las raíces, es fácil que encuentres monedas, objetos y vestigios romanos, no en vano la finca familiar de Carratiermes se sitúa en pleno yacimiento arqueológico de Tiermes, la magnífica ciudad arévaca ya olvidada por el tiempo y la desidia.

A la desidia por parte de administraciones, poco dadas a esto de la historia, se une el abandono de la tierra por parte hombres exhaustos y desesperados de una tierra dura y agotada.

Quiso el cielo bendecir al abuelo con siete hijos, tres hembras y cuatro varones. En esta tierra de estepas y carrascas, los hijos no vienen con el pan bajo el brazo, vienen llorando y hambrientos. ¡Hay que alimentarlos! La opción es roturar más tierra, cultivar más secano y sembrar más trigo, pero el día no tiene más horas, el viejo arado golpea en piedras enterradas, se mella, se parte, las mulas, que trabajan hasta que se pone el sol, al cabo de las horas flojean y al llegar la noche malamente ven los surcos. Si para colmo y si con suerte la cosecha es buena, los de abastos se llevan el beneficio.

¡La impotencia es total! ¿Qué más se puede hacer?…

Los políticos no dan soluciones, el rey abdica y el General Primo de Ribera toma el mando; en el pueblo la situación no mejora, al llegar la república se oyen rumores de que ya todo va a cambiar, pero la república dura muy poco. ¡Otro levantamiento militar!

De que le sirve tanto esfuerzo, los militares preparan una guerra. ¡Una guerra civil entre hermanos! ¡Malditos reyes y malditos generales!

—Juana, hemos de marchar —dice exprimiendo la boina entre las manos, como si quisiera extraer todo el sudor que hay en ella.

— ¿Y a dónde iremos? ¿Y la casa? ¿Y la tierra? ¿Y las bestias?

—La tierra no da para vivir, venderemos los animales y cerraremos la casa. Si nos va mal, volveremos. ¡Siempre tendremos la casa y el huerto para nosotros dos!, pero los chicos aquí no tienen futuro.

La decisión está tomada. Así fue como el abuelo Francisco emigró a Barcelona. Conocedor del buen vino de la ribera, montó la bodega en la calle Industria, allí en el Eixample de Barcelona y vendiendo vinos de Atauta y de San Esteban, rehízo su vida y consiguió sacar adelante a la familia.

Mi madre no se adaptó a vivir en Barcelona y se vino a Madrid. Y en Madrid nací yo.

Por supuesto que todos los veranos íbamos al pueblo. Aún recuerdo cuando paseando por las calles, las mujeres, sentadas en el poyo a las puertas de las casas; repetían insistentes la misma pregunta:

— ¿Y tú, de quién eres? —

A la enésima pregunta, la respuesta ya estaba memorizada, y de forma mecánica y a desgana les respondía:

—El José de la Carmen, la de Madrid, el nieto de la Juana y del Francisco—

Ninguno de esos veranos dejaría de visitar Tiermes: Termancia fotos del autor

No me gusta hablar de mí, yo no soy más que el nieto de la Juana y del Francisco, de Valderromán…

Ni más ni menos.

http://www.montejodetiermes.es/

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