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Las lamias o lumias

Las lumias son personajes equivalentes a las lamiak, janas, anjanas,… de otras mitologías peninsulares. Generalmente se las representan con el rostro de una mujer hermosa pero con cuerpo de dragón, o por separado, como una mujer montando sobre un dragón, aunque también pueden aparecer como mujeres con pies de cabra. Como las sirenas clásicas, son muy peligrosas para los hombres, pues los encantan y los devoran. Viven en cuevas cerca de pequeñas corrientes y fuentes, donde aparecen como hermosas jóvenes que lavan la ropa o se peinan los cabellos a la espera de una víctima.

De acuerdo con el historiador Diódoro Sículo, el Rey Belo de Egipto (hijo de Poseidón y Libia) tuvo una hermosa hija a la que llamó Lamia; al morir Belo, Lamia se convirtió en la reina de Libia. Más tarde fue amante de Zeus y tuvo varios hijos con él; cuando Hera (esposa de Zeus) se enteró del amorío convirtió a Lamia en un monstruo y mató en venganza a todos sus hijos, además la condenó a no poder cerrar nunca sus ojos para que así recordara siempre a sus hijos muertos; Lamia enloquecida comenzó a devorar a otros niños para vengar a los que perdió.

El nombre de lamia también aparece en un testimonio de la “Vida de Apolonio de Tiana”, (de Flavio Filóstrato), en el que nos cuenta que un joven llamado Menipo se había enamorado de una joven muy bella sin saber que era una lamia, algo que descubrió después de haberse convertido en su marido. Las lamias se convirtieron en un colectivo, de carácter maléfico y se las utilizaba para asustar a niños y adolescentes.

Estos mitos perviven en el ideario colectivo y eran perfectamente conocidos por los habitantes de Lumías, partido judicial de Almazán, Soria. Pintoresco pueblo que se presenta escondido tras los angostos recodos de una hoz que traza el río Talegones.

Hasta tal punto eran conocidas las lumias que una de ellas, figura en el Cantar del Mío Cid. La narración cuenta, cómo la hueste del mercenario Rodrigo Díaz de Vivar transitaba por la Calzada de Quinea, que viene de Osma y va hacia Sigüenza:

“Assiniestro dexan Agriza / que Álamos pobló. / Allí son los cannos / do a Elpha encerró”.

En trascripción moderna: “A izquierda dejan Agriza que Álamos pobló. Allí están los túneles donde a Elfa encerró”. El autor del Cantar se refiere a un pueblo de esta zona soriana, hoy desaparecido, que sitúa como escenario de una mítica gesta de Hércules, a quien cita por su sobrenombre de “Álamos” a causa del árbol que le estaba consagrado, el cual hizo desaparecer bajo tierra a una lamia llamada Elfa.

 

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