Oops! It appears that you have disabled your Javascript. In order for you to see this page as it is meant to appear, we ask that you please re-enable your Javascript!

El casero o capataz

[Total:2    Promedio:5/5]
De lo que ha de hacer el capataz dentro de la casa
El capataz

Sobre el capataz, Claudio Augustal, tan recomendable joven por su noble índole como por su erudición, animado por lo que le han dicho muchos hombres aplicados particularmente a la agricultura, ha conseguido de mí a fuerza de instancias que escribiese en prosa del cultivo de las huertas. Y no se me ocultaba, cuando yo adornaba dicha materia según las leyes de la poesía, en lo que esto había de venir a parar. Pero no podía negarme, Publio Silvino, al empeño con que me pedías te diera el gusto de versificar, pudiendo hacer en seguida, si me parecía, lo que emprendo ahora, que es tratar de las obligaciones del hortelano a continuación de las del capataz; y aunque había yo referido las de este último hasta cierto punto en el libro primero de esta obra, sin embargo, como el mismo Augustal, nuestro amigo, me pedía con las mismas instancias que tratase de las del primero, he excedido el número de volúmenes con que parecía haberla concluido, y he escrito este undécimo libro de preceptos sobre la agricultura. Conviene poner al frente de la hacienda y de la gente que la ha de labrar un capataz que no esté en la primera edad ni en la última: porque aquel no conoce todavía las labores del campo, y este no puede ya ejecutarlas; y al primero lo hace la juventud negligente, al paso que al último lo hace perezoso; lo que es causa de que los esclavos desprecien tanto a un joven aprendiz como a un viejo. La edad media, pues, es la más a propósito para este oficio; y cualquiera tendrá bastantes fuerzas para ejercer las funciones de un labrador desde los treinta hasta los sesenta años, si no le sobreviniere casualmente algún defecto corporal. Mas cualquiera que se destinase a este cargo convendrá que sea a un mismo tiempo muy inteligente y muy robusto, para que enseñe a los que le están subordinados, y él mismo haga con facilidad lo que ordene: supuesto que nada se enseña ni se aprende sino con el ejemplo, y que es más ventajoso que el capataz sea maestro de los operarios, que el que sea su discípulo; pues Catón, que es un modelo en tratándose de usos antiguos, ha dicho hablando del padre de familia, que van mal los intereses del amo a quien enseña el capataz. Y así se lee en el economismo de Xenofonte, que tradujo al latín Marco Cicerón, que habiendo preguntado Sócrates a aquel insigne varón Iscomaco ateniense, si en caso de necesitar un capataz para su hacienda, acostumbraba a comprarlo como un artesano, o lo formaba él por sí mismo, le respondió: “yo mismo lo formo sin duda, pues el que se sustituye en mi lugar cuando yo me ausento, y entra a suplir mi vigilancia, debe saber lo que yo sé”. Pero estas cosas son demasiado antiguas, y a la verdad pertenecen a aquel tiempo, en que el mismo Iscomaco decía que nadie dejaba de saber labrar el campo. Mas nosotros, haciéndonos cargo de nuestra ignorancia, pondremos algunos jóvenes de buena comprensión y de cuerpo robusto bajo la dirección de cultivadores muy instruidos, para que aunque sea uno entre muchos (pues es difícil el enseñar) consiga con sus advertencias la ciencia, no solo de cultivar, sino de mandar.

Ya esta disponible el documento en:

https://tiresiotermestino.blog/bibliografia-libros-gratis/

Deja un comentario

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.

Create a website or blog at WordPress.com Tema: Baskerville 2 por Anders Noren.

Subir ↑

A %d blogueros les gusta esto: