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Devotio

Los que formaban el séquito de un caudillo deben permanecer con él en el caso de que éste muera. A esta suprema fidelidad llaman consagración o devoción.
  Plutarco, Sertorio, 14.

El ritual de la devotio ibérica consistía en la presentación del cliente al patrono, reconociéndole como jefe, y la aceptación de este de sus devoti. Es probable que existiera algún tipo de ceremonia de la que no nos han llegado referencias.

La devotio era una clientela militar con elementos religiosos en el pacto. Los clientes consagraban su vida a las divinidades infernales, ofreciéndola a cambio de la del jefe. Si el caudillo muere, el cliente debía suicidarse. Ejemplos de suicidio fruto de la devotio los encontramos, narrados por Julio Cesar, entre los germanos.

En la península igualmente los encontramos entre iberos, celtiberos y vascones. La justificación del suicidio puede estribar en la indignidad del cliente ante el dios que no aceptó su vida por la del caudillo.

La increíble resistencia de ciudades como Sagunto, Numancia, o Kalagurris, y la obstinación que mostraban sus habitantes contra Roma, podrían ser consecuencia de la devotio, que impedía su rendición sin la orden directa del patronus.

Según historiadores clásicos (Tito Livio y Plutarco entre otros), se trataba de una práctica muy extendida en toda Iberia.

Valerio Máximo, nos traslada en sus escritos el episodio del asedio y destrucción de Kalagurris (Calahorra) a la muerte de Sertorio:

«La macabra obstinación de los numantinos fue superada en un caso semejante por la execrable impiedad de los habitantes de Kalagurris, los cuales, para ser por más tiempo fieles a las cenizas del difunto Sertorio, frustraron el asedio de Gneo Pompeyo. En vista de que no quedaba ya ningún animal en la ciudad, convirtieron en nefanda comida a sus mujeres e hijos y para que su juventud en armas pudiese alimentarse por más tiempo de sus propias vísceras, no dudaron en poner en sal los infelices restos de los cadáveres».

Floro nos dice que pereció Kalagurris después de haber sufrido el hambre en todos sus grados y formas” (Ep. II, 10,9)

Acerca de Kalagurris nos ha llegado un ejemplo claro de devotio a Sertorio por parte de Brebicio un hijo de Calahorra, al que el ejercicio de la devotio le llevó al suicidio.

Cuando Brebicio supo de la muerte de su jefe, nos dejó un texto esculpido en piedra:

«A los sacros manes Quinto Sertorio. Yo Brevicio, Calagurritano, me ofrecí juzgando era caso contra religión que muerto aquél que tenía todas las cosas comunes con los inmortales retuviese yo más tiempo el alma dentro del cuerpo. Ve, en buena hora, caminante que esto lees, y aprende con mi ejemplo guardar lealtad. La lealtad aplaque aun a los muertos despojados del cuerpo humano».

 

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