De higos a peras

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Hasta cuarenta y una clases de peras, cita Plinio en Naturalis Historia:

“otros árboles que eran objeto de cultivo en Hispania, como el ricino, que alcanzaba pronto la altura del olivo (NH XV, 25), el peral de las proximidades de Numancia (NH XV, 55) y los higos saguntinos, famosos ya en tiempos de Catón (NH XV, 72); los mejores y más grandes eran los de Ebussus (NH XV, 82).

Plinio menciona que las peras numantinas son de maduración tardía. (Schulten, 1963).

Columela (De re rúst. VIII, 17, 15) indica que la producción de higos en el sur de la Península es abundante. Se secaban al sol, se les daba forma de estrellas o de flores o se les amasaba en forma de pan, y una vez bien secos se les metía en vasos…”

 

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